La casualidad, esa magnífica casualidad

Reflexiones en voz alta sobre la situación de la música en directo en la actualidad

Define la RAE a la casualidad como la Combinación de circunstancias que no se pueden prever ni evitar. Este es un factor primordial en mis últimos años de amante de la música. Soy de las personas que se alimenta de música, a todas horas y en todas las circunstancias.

En estos años, y en la asistencia de festivales, me encanta adentrarme a ver a bandas de esas que nos ofrecen su inabarcable programación. Así he descubierto a grupos que ahora son de gusto del gran público, y a otros que no tardaran en serlo, sobre todo en la escena musical española, que visto desde dos perspectivas, puede que algunos vean que está viviendo un momento dulce, con bandas que llenan estadios y escenarios antes solamente preparados para recibir a grandes bandas, en el 90% de las veces internacionales. Otra corriente te dirá todo lo contrario, que estamos en un periodo de autentica falta de creatividad, donde se pueden cortar por el mismo patrón a buena parte de los grupos que llenan los festivales del país, y cuyos organizadores programan para buscar la significante expresión Sold Out.

Está clara el cambio de tendencia dentro de la escena musical en España, se ha pasado de ese periodo del “todo gratis” en la que los ayuntamientos, diputaciones, etc tenían que programar grandes espectáculos, en los que el ciudadano pudiera disfrutar de espectáculos sin rascarse el bolsillo. Esto trajo consigo una consecuencia muy clara, nos convirtió (me incluyo por descontado) en grandes aficionados a la música, pero no en público, en ese público que paga una entrada.

Esta tendencia está muy clara en varios puntos:

  • Con la excusa de las giras acústicas, en la que bandas de seis miembros se reconvertían en tres, con la considerable bajada de caché, de gastos de producción etc.
  • Bandas que antes tenían un circuito copado, y sobre todo conocían sus límites, tuvieron que bajar un par de escalones (o más) y buscar aforos más limitados, con tal de que salga rentable la producción, antes de jugártela a buscar un aforo más amplio. Consecuencias de esto, no del todo malas, que el grupo pueda vender que ha agotado un aforo de 4.000 personas en un par de horas, y tienen que programar otros tres conciertos para copar la demanda de entradas, que se podría arreglar con un aforo de 12.000. El titular de “se agotan las entradas en tres horas, programamos otro concierto”. Esto ha pasado también con grandes artistas, piensen ustedes en las últimas giras de Coldplay, U2,  AC/DC o MUSE.
  • El anterior punto trae como consecuencia que esas casualidades de los festivales, es decir, la cantera o artistas que se tienen que agarrar a un clavo ardiendo, que tienen que ese a salas de 200 personas (no quiero ni entrar en los caches) en los que el propietario se puede topar con normas municipales que prohibe realizar conciertos, o que no sale rentable ¿sabes que pagas un 21% de IVA por esa cerveza que te tomas dentro de un festival?. Todavía retumban en mis oídos las amargas quejas de una de las bandas que están actuando en casi todos los festivales de este país, con un segundo disco prácticamente perfecto, preguntándose en un concierto en horario de mañana, dónde estaban los grupos extranjeros, en ese 2×1 que les tocaba hacer, en el último BBK Live de Bilbao.
  • Otro aspecto interesante, las giras de esas grandes bandas, que vuelven a los escenarios de su retiro espiritual, o como lo quieras llamar, para tocarte un disco entero que cumple diez, quince, veinte o más años…. Venga que todos estamos esperando ver a los Gallagher preparados para darse de leches entre ellos ¡Preparen el ring!

Pero a lo que vamos, las casualidades existen, pero muchas veces tenemos que buscarlas. En esta nueva etapa del Festival de los 100€, con programas de tres o cuatro días, totalmente inabarcable, en el que la empresa de management de turno programa a todo su roster, para, tres o cuatro días después del festival ¡o en las pantallas del festival! te anuncia que ese grupo, por el que has pagado el bono para poder verlos, actúa en una sala de 5.000 personas dentro de dos meses, con un concierto de dos horas, con sus bises y su espectáculo propio sin los problemas de horarios (puede que hayas tenido que esperar hasta las 3 de la mañana para ver a esa banda, aguantando casualidades de las que podrías perfectamente subistir) y no en un concierto de una hora, que muchas veces, por no decir la mayoría, es un gatillazo en toda regla.

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